Santos

Tengo Sed -> Santos

La siguiente es una breve muestra de los comentarios de Padres y Doctores de la Iglesia sobre la sed de Jesús, y se presentan principalmente para mostrar que esta interpretación de la palabra de Jesús desde la Cruz (teniendo eco en sus palabras a la samaritana), no es una novedad en la Tradición de la Iglesia, aún cuando sea citada poco con poca frecuencia. Y aquí se encuentra una parte significativa de la novedad y originalidad del mensaje y carisma de Madre Teresa, precisamente en el acento y foco sin precedentes que ella le da al misterio de la sed de Dios por el hombre.

Sagrado Corazon de Jesús  a Santa Margarita  “Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume y no encuentro a nadie que se esfuerce por saciarla para corresponder en algún modo a mi amor”.

San Agustín:
Él pide de beber y promete una bebida. Él está necesitado, como aquel que espera recibir y, sin embargo, Él es rico como uno que está a punto de satisfacer la sed de otros [1]

Dios tiene sed de que tengamos sed de Él… [Deus sitit sitiri] [2].

En la Cruz Jesús dijo: “¡Tengo Sed!”, pero ellos no le dieron aquello de lo que estaba sediento. Estaba sediento de ellos y ellos le dieron vinagre [3]. 

San Buenaventura:
En Jesús, verdaderamente se revela de forma precisa la sed de Dios de derramar vida. Él tiene sed, no por carencia, sino porsobreabundancia. El amor de Dios por naturaleza es efusión de sí mismo. [4

 


Santo Tomás de Aquino:
Si Jesús dice, “Tengo Sed”, primero que nada es por que está muriendo una muerte verdadera, no sólo en apariencia (lit “una sombra de muerte”). Así mismo, aquí vemos su ardiente deseo por la salvación de la raza humana, conforme a las palabras de San Pablo: “Dios, nuestro Salvador, desea que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad… (1Tm 2:3-4). Jesús mismo dijo que “el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar aquello que estaba perdido” (Lc 9:10). Ahora, la vehemencia de este deseo está claramente expresada en su sed, como dice el salmo “Mi alma esta sedienta del Dios que da la vida” [5].

 

San Roberto Belarmino:
A mi parecer, el Señor dijo “Tengo Sed”, en el mismo sentido con el que se dirigió a la mujer samaritana al decirle: “dame de beber”. Ya que cuando develó el misterio que contenían estas palabras añadió: si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le habrías pedido a Él y Él te habría dado agua viva”. Ahora, ¿cómo es que tiene sed aquel que es la fuente de agua viva? ¿Acaso no se refiere a sí mismo al decir “si alguno tiene sed, que venga a mí y beberá”?” (Jn. 7:37). Y, ¿acaso no es él la roca de la que habla el apóstol?: “y todos bebieron la misma bebida espiritual que les seguía, y la roca era Cristo” (1 Cor. 10:4). En fin, ¿no es Él quien se dirige a los judíos por boca del profeta Jeremías: “a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas que el agua no retienen “ (Jer. 2:13)?. Me parece, entonces, que nuestro Señor desde la Cruz, como si desde un trono, lanzara una mirada sobre el mundo entero, que está lleno de hombres que están sedientos y desfallecientes de agotamiento y, a razón de Su estado sediento, tiene lástima de la sequedad que sufre la humanidad y grita fuertemente:”Tengo Sed”. Es decir, estoy sediento a razón del estado seco y árido de mi Cuerpo, pero esta sed terminará pronto. Sin embargo, la sed que sufro por mi deseo de que los hombres comiencen a ver que yo soy la verdadera fuente de agua viva por la fe, y vengan a mí y beban para que no tengan sed por siempre, es incomparablemente mayor [6].


Santa Catalina de Siena:
¡Oh, inestimable, dulcísima y amada caridad! A causa del hambre y sed sin límites que tienes de nuestra salvación, gritas que tienes sed. Aunque la sed corporal nos parezca grande por los muchos sufrimientos, era, sin embargo, mucho mayor la de nuestra salvación. ¡Ay, ay, que no se encuentra quien te dé de beber con voluntad libre, con puro y amoroso afecto, esto se encuentra en pocos! [7].

Ahí [en la Cruz],ellos [los santos] encontraron al Cordero inmolado con tal fuego de amor por nuestra salvación aparentemente insaciable. Él grita incluso que está sediento, como diciendo: Yo tengo más celo, sed, deseo de su salvación de la que puedo mostrarles con este sufrimiento infinito [8].

Ahí [en la Cruz], encontrareis al Cordero desangrado y despedazado por nosotros, con tal hambre y deseo de honrar al Padre, y de nuestra salvación, que da la impresión de que no puede demostrar tan gran sufrimiento en el cuerpo como es su deseo de entregarse. Esto parece que quiso expresar cuando clamó en la Cruz: “Sitio”, como si dijese: “Tengo tanta Sed de vuestra salvación que no me puedo saciar; dadme de beber”. Pedía de beber, el dulce Jesús, a los que veía que no participaban de la redención por su sangre. Sin embargo, no le fue dado de beber sino amargura. ¡Ay, dulcísimo Padre! Continuamente vemos que no sólo en el tiempo de la Cruz, sino después y ahora, nos pide de beber y muestra tener sed. ¡Ay, desventurada de mí! Creo que la creatura no le da sino amargura y pestilencia de pecados [9].

El último testigo de entre los Doctores de la Iglesia, es la persona a quien Madre Teresa vió como patrona personal, de quien tomó el nombre y con quien se identificaba espiritualmente en muchos niveles: Santa Teresita de Lisieux.

La experiencia de Santa Teresita ocurrió un domingo, mientras miraba fijamente una pintura de Jesús crucificado. Años más tarde, escribiría que el lamento de sed de Jesús había penetrado su alma en ese momento ,y que esas palabras “Tengo Sed” habían tenido el siguiente efecto:

“...se inflamó en mí un vivo y desconocido ardor... Quería saciar a mi Amado y me dejé ser devorada por Su misma sed de almas... Me parece haber escuchado a Jesús decirme como a la samaritana: “dame de beber” y mientras más le daba de beber, más crecía esta sed en mi alma [10].

Jesús no tiene necesidad alguna de nuestras obras”, ella escribe, “sino solamente de nuestro amor. Porque ese mismo Dios que declara no tener necesidad de decirnos que tiene hambre, no vacila en mendigar un poco de agua de la samaritana. Tenía sed... Pero al decir ‘dame de beber’, era el amor de su pobre creatura lo que el Creador del universo reclamaba. Tenía sed de amor” [11].

Tan importante como ha sido este tema para cualquiera de estos exponentes de la Tradición, en ninguno de ellos ha sido tan fundamental, ni ha sido tan desarrollado, como en el caso de Madre Teresa. El testimonio de santos y siervos de Dios al significado espiritual de la sed de Jesús es de hecho, más vasto y variado de lo que uno puede imaginar, demasiado extenso para ser investigado aquí

 


[1] San Agustín. Tratado sobre Juan, CCL 36: 154‑156 en Missionaries of Charity Fathers, Suplemento, 34.

[2] San Agustín, De diversis quaes. 64, 4: PL.40, 56 en Missionaries of Charity Fathers, Suplemento, 11.

[3] Ibid.

[4] San Buenaventura, Breviloquium 1,2; Itinerarium 6; De Mysterio Trinitatis I,2; cf., DeV 37.3 en MCF, Suplemento, 43.

[5] St. Thomas Aquinas, In Jo. xix. Lect. 5.

[6] Roberto Belarmino, Las Siete Palabras Dichas por Cristo, Cap.9. MCF, Suplemento, 34

[7] The Letters of St. Catherine of Siena, trans. Suzanne Noffke, vol. I (Binghamton, NY: Medieval & Renaissance Texts and Studies), 125.

[8] Ibid., 168.

[9] Ibid., 210.

[10] St. Thérèse de Lisieux, Story of Soul: The Autobiography of St. Therese of Lisieux, trans. John Clarke (Washington, DC: ICS Publications, 1976), 99.

[11] Ibid., 198.